Como un acto de coherencia con la tradición que distingue a nuestra universidad en la vinculación entre la academia y los problemas reales de la sociedad, recientemente fue publicado el libro La Economía del Cerebro: Cómo la neuroeconomía explica el comportamiento humano (ELIVA Press, 2026), del académico de la Facultad Tecnológica, René Fernández Montt.
“Esta obra no es un ejercicio abstracto, sino una investigación que se sumerge en las crisis y angustias económicas del ciudadano iberoamericano. Asimismo, para nuestra universidad, representa la confirmación de su rol como faro de pensamiento crítico y aplicado, proyectando su sello no solo como institución académica, sino también como cuna de nuevas y necesarias formas de comprender la complejidad del mundo”, aseguró el autor.
El libro aborda temas como la crítica a la racionalidad perfecta, la neuroanatomía de la toma de decisiones y diversos sesgos cognitivos clave, entre ellos el exceso de confianza, la aversión a la pérdida, el comportamiento de manada y el efecto dotación.
Además, analiza la hipótesis del marcador somático y el rol de las señales corporales en las decisiones complejas, así como su aplicación en crisis económicas del continente, como el “corralito” en Argentina y las burbujas inmobiliarias que afectaron a distintos países de la región.
“Un economista necesita entender el cerebro por una razón fundamental: los modelos fallan porque ignoran a la persona. La economía tradicional asumía que el cerebro era una calculadora perfecta. Sin embargo, sabemos que es una máquina de supervivencia que evolucionó en la selva, no en la bolsa de comercio”, enfatizó el experto.
Junto con ello, el economista y magíster en Neuropsicología Clínica sostiene que comprender el cerebro permite mejorar la predicción de crisis económicas, explicando conductas aparentemente irracionales como expresiones de sesgos cognitivos -por ejemplo, la aversión a la pérdida- y no simplemente como errores de cálculo.
Asimismo, Fernández Montt plantea que este enfoque puede contribuir al diseño de mejores políticas de educación financiera y, en consecuencia, a una economía más humanizada.
“La motivación central fue constatar un fracaso recurrente y empíricamente verificable: los modelos predictivos tradicionales no logran explicar las crisis que cíclicamente afectan a Iberoamérica. Las corridas bancarias, las burbujas especulativas y las crisis de confianza no son anomalías; son la regla. Faltaba una pieza en el rompecabezas: el sustrato neurobiológico de la toma de decisiones. La experiencia del ‘corralito’ argentino, cuya sombra aún marca las decisiones de ahorro de toda una generación, fue un poderoso catalizador”, aseguró.
Las crisis en el continente
El libro presenta múltiples ejemplos reales que evidencian la importancia de que los economistas comprendan el funcionamiento del cerebro humano.
El texto plantea la pregunta sobre qué tuvieron en común la crisis mexicana de 1994, las crisis de Brasil y Argentina en 1999 y las diversas burbujas inmobiliarias que han afectado a la región. En ese sentido, Fernández Montt explica que el hilo conductor es claro: la activación de una neurobiología del pánico y la euforia que anula el cálculo racional y genera comportamientos de manada.
“Es el ‘Efecto Tequila’, pero entendido desde el cerebro. El patrón es el mismo: un detonante común, una señal de alarma, ya sea un déficit fiscal, un contexto político incierto o la devaluación de una economía vecina. Ahí ocurre lo que llamo el ‘secuestro de la amígdala’: una señal activa el miedo en el circuito cerebral de los inversionistas y el cerebro emocional toma el control”, explicó el académico.
Asimismo, agrega que el comportamiento de manada -asociado a la corteza prefrontal medial- promueve la imitación y genera fenómenos como el retiro masivo de capitales o las burbujas inmobiliarias. En estos escenarios predominan conductas ligadas al instinto de supervivencia, sin un análisis profundo de los fundamentos económicos, así como el temor a “quedarse fuera”, que impulsa la compra de propiedades a precios inflados.
También menciona el procesamiento asimétrico de las pérdidas y ganancias, donde el dolor asociado a perder capital o plusvalía se experimenta con mayor intensidad, provocando percepciones desproporcionadas del riesgo.
“En esencia, la anatomía de cada crisis es la misma: un shock detona una profecía autocumplida de pánico, donde la emoción colectiva arrasa con cualquier cálculo financiero, ya sea en el mercado de divisas mexicano o en el barrio de moda en Santiago”, concluyó el experto.
