Enfoque de género y consentimiento: expertas abordan desafíos culturales, legales y digitales

Conversación y diálogo sobre consentimiento convocó a especialistas en violencia de género hacia mujeres y niñas que coincidieron en la urgencia de incorporar un enfoque preventivo y derechos humanos para comprender sus dimensiones éticas, sociales y políticas.

En la fotografía aparecen estudiantes asistentes al evento sentados en el auditorio

Una actividad valiosa que reflexionó sobre los vínculos, sentires y deseos entre las personas -especialmente entre las más jóvenes-, los mandatos de género que aún determinan la socialización y las respuestas comunitarias necesarias para enfrentar la violencia de género. Así se resume el conversatorio “Más allá del sí. Conversemos de consentimiento”, organizado por la Dirección de Género, Equidad y Diversidad de la Vicerrectoría de Calidad de Vida de la Universidad de Santiago.

El diálogo se centró en la conversación entre dos invitadas: Francisca Millán Zapata, abogada de AML Defensa Mujeres, especialista en violencia contra las mujeres y derechos de las infancias, y Pamela Paredes Yáñez, psicóloga y directora del Centro Clínico de La Morada, organización feminista con más de 40 años de historia en el movimiento de mujeres en Chile. La moderación estuvo a cargo de Trinidad Muñoz Walther, psicóloga-jurídica de la Dirección y experta en violencia de género y vulneración de derechos, quien, al finalizar la jornada, manifestó su entusiasmo por que los aprendizajes de la actividad pudieran extenderse a toda la comunidad Usach. 

Jessica Alfaro Leal, Vicerrectora de Calidad de Vida, Género, Equidad y Diversidad abrió la actividad haciendo un recorrido a los hitos políticos como el “Mayo feminista de 2018” que permitieron avanzar, en términos normativos, en las instituciones de educación superior en materias de acoso sexual, discriminación y violencia de género. 

Al inicio de la actividad, insistió en que la “transversalización de género no sólo previene la violencia, sino que busca instalar una perspectiva de trabajo en los procesos de investigación, en la forma en que se adoptan las medidas de protección y, sobre todo, en la promoción de cambios profundos de creencias y actitudes frente a desigualdades que siguen siendo estructurales”. 

La directora de Género, Equidad y Diversidad, Johanna Chacón, enfatizó que abordar el consentimiento en contexto universitario y desde un enfoque de derechos no es una opción, “sino una obligación ética e institucional”. Sostuvo que avanzar en esta materia implica, cuestionar los mandatos culturales que han naturalizado la violencia de género, promoviendo comunidades más empáticas hacia quienes denuncian, tanto en espacios públicos como privados.

Desde la clínica y el feminismo, Pamela Paredes planteó que actualmente debiera existir mayor claridad entre consentimiento pasivo y activo. “La que calla no otorga”, afirmó, relevando el rol histórico de las organizaciones de mujeres en la instalación de este cambio cultural.

“El consentimiento está siendo el centro de los vínculos de las y los jóvenes en general. Es un punto difícil de abordar y de entender dónde están los límites. Cómo se entiende (el consentimiento) en las instituciones y también entre ellos, los jóvenes”, explicó Paredes.

Por su parte, la abogada Francisca Millán advirtió sobre los límites del derecho penal en la resolución de la violencia sexual. “El derecho penal no soluciona el problema, sino que visibiliza aquellas conductas que resultan intolerables”, dijo.

En este sentido, explicó que la violencia sexual responde a relaciones de poder atravesadas por factores como la desigualdad, los estereotipos de género y los mandatos sociales que condicionan las formas de ser, actuar y desarrollarse. 

Desigualdades y construcción del consentimiento

Las expositoras coincidieron en la necesidad de problematizar el consentimiento, entendiendo que este debe ser libre e inequívoco. En ese encuadre, Francisca Millán planteó que la duda, debe interpretarse siempre como una negativa, considerando los procesos de socialización diferenciada: mientras a las mujeres se las educa para el resguardo, a los hombres se les incentiva a asumir riesgos.

Por su parte, Pamela Paredes reflexionó sobre los cambios culturales en curso, aludiendo a la “perplejidad” que observa en las relaciones entre jóvenes. Mujeres que expresan activamente su deseo y hombres que, en algunos casos, enfrentan dificultades para vincularse en este nuevo escenario. Advirtió que estas tensiones pueden derivar en prácticas de riesgo, como el uso de sustancias para anular la voluntad de las mujeres, lo que constituye una forma grave de violencia.

Violencia en las plataformas digitales

En relación con la violencia digital en razón de género, Francisca Millán recalcó que no es posible disociarla de lo que sucede en espacios físicos: es una extensión del espacio público donde persisten las mismas dinámicas de poder. Por su parte, Pamela Paredes advirtió que las redes sociales tienden a des-responsabilizar las interacciones, facilitando respuestas inmediatas que muchas veces eluden la reflexión.

Respondiendo al estudiantado, Millán abordó el impacto de problemas como la manósfera (comunidades en internet hostiles al feminismo) y la figura del Incel (grupos de hombres que se sienten frustrados por no tener relaciones sexoafectivas con mujeres), explicando que estos espacios concentran discursos de resentimiento frente a los cambios en las relaciones de género. Según explicó, en estas comunidades se instala la idea de que las mujeres “deben algo” a los hombres, desplazando la responsabilidad individual en las dinámicas y formas de vincularse.

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