La Universidad Técnica del Estado se caracterizó durante las décadas del 60 y el 70 por su alta dedicación a la creación y difusión de la cultura. Artistas de la talla de Víctor Jara, Charo Cofré, Isabel Parra, Inti-Illimani y Quilapayún, o integrantes del Teatro Teknos y el Teatro Nuevo Popular, circulaban por los pasillos y pastos de nuestra casa de estudios.
En tal sentido, el director de la Editorial Usach, el Dr. Jorge Montealegre Iturra, quien ejerció como moderador del conversatorio, indicó que las peñas de la UTE fueron reconocidas por su comunidad como el motor de las expresiones artísticas que se vestían de compromiso con las transformaciones sociales que el país estaba llevando adelante. Fue el momento en que los movimientos universitarios, políticos y obreros se encontraron con la cultura.
En nuestra universidad, se llevaron a cabo en todas sus sedes a lo largo del país, creando cultura y adhesión al proceso social chileno, reflejando las injusticias sociales en sus diversos espectáculos.
“Las peñas de la UTE no eran solo espacios para tocar canciones con raíces campesinas; este era un movimiento identitario de la expresión latinoamericana, fue la inquietud de explorar nuestra idiosincrasia. En Chile estaban Violeta y Víctor; en Argentina, Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa; en Uruguay, Alfredo Zitarrosa, y así por todo el continente”, sostuvo el músico de Inti-Illimani Histórico, José Seves.
Pero Jorge Negrón fue más allá, indicando que las y los chilenos tienen la obligación de hacer historia y que hoy, con el retorno del autoritarismo, tienen una nueva oportunidad de ser protagonistas.
“Cada revolución tiene su música. Mientras 'Bella Ciao' rememora la resistencia partisana antifascista italiana, o 'La Cucaracha' nos recuerda la Revolución Mexicana, en Chile fue el movimiento de la Nueva Canción Chilena el que abrió el paso, desde la cultura, hacia las transformaciones sociales que después se verían truncadas con el golpe de Estado”.
El director del Elenco Vocacional de la Camerata Estudiantil Usach del Departamento de las Culturas y las Artes, Ernesto Parra Navarrete, sostuvo que en Chile y en el continente se vivía un momento político de gran intensidad y un movimiento cultural muy amplio que aludía a la identidad continental.
“Las peñas folclóricas no solo fueron un espacio para la música, sino que funcionaban como centros culturales. Hay que pensar que se fusionaba la música popular de Quilapayún e Inti-Illimani con la clásica de Luis Advis y Sergio Ortega; aparecieron la Cantata Santa María y el Canto para una Semilla, y se transformaron en grandes himnos en todo Chile”, indicó.
También se refirió al vigor del movimiento y la importancia que tuvo para el gobierno de la Unidad Popular e, incluso, posteriormente, para derrocar la dictadura del general Pinochet.
“Se asesinó a Víctor Jara e impidieron la entrada al país a grandes exponentes de la Nueva Canción Chilena, incluido Patricio Manns. En Chile se prohibieron el charango y los ponchos; como la música fue tan importante en la UP, fue castigada por la dictadura. La cultura y el pueblo van tomados de la mano, porque la cultura interpreta los sueños y demandas de los movimientos populares”, concluyó el profesor Parra.
