Dr. Sergio Moya Durán: “Mi mayor logro es haber trabajado con alegría descubriendo que la química es realmente fascinante”

El destacado académico, que en su juventud postuló a la Fuerza Aérea para ser piloto, dedicó sus esfuerzos al estudio de catalizadores aplicables en procesos industriales o en la generación de fármacos. Tuvo como profesor al físico y antipoeta Nicanor Parra y, en sus 50 años de trayectoria en nuestra Universidad, compartió con su compañera de vida en la Facultad de Química y Biología, de la cual fue su primer Decano.

La imagen muestra al Dr. Sergio Moya de pie en su laboratorio

“Cuando era joven, mi sueño era ser aviador. Como muchos de mi generación, leía con entusiasmo los libros de Julio Verne y me llamaba poderosamente la atención cómo una máquina de gran tamaño y peso pudiera sostenerse en el aire y repetir lo que naturalmente hacen las aves. Creo que este tiene que haber sido mi primer acercamiento a la ciencia”, señala el Dr. Sergio Moya Durán al cumplir medio siglo en nuestra Universidad.

El joven estudiante del Liceo de Hombres de San Fernando postuló a la Escuela de Aviación Capitán Ávalos, dada su admiración por los aeroplanos y las interrogantes de cómo la física y la ingeniería irían evolucionando en el desarrollo de la aeronáutica. La ciencia sería el eslabón que uniría las pasiones del futuro doctor en Química con los intereses que comenzaba a manifestar por las maravillas que entregan las leyes de la naturaleza en pos del desarrollo tecnológico.

“Fue tragicómica esa prueba porque me mostraron un libro en donde aparecía un número y leí perfectamente el número, pero quienes leían ese número éramos los que somos daltónicos”, sonríe y prosigue: “en vista de esto, me empezó a gustar mucho la biología y tuve la opción de estudiar Odontología, pero por aquella época era una carrera muy cara, así que tomé la opción de irme a una que fuera más financiable”, explica.

El Dr. Moya recuerda que, en 1962, entró a estudiar Pedagogía en Química y Biología en la Universidad de Chile y descubrió la fascinación por estas dos áreas de la ciencia, lo que lo llevó no solo a adquirir herramientas de didáctica en el aula, sino también a la intensidad del conocimiento en estas disciplinas.

Por aquella época tuvo la suerte de tener como profesor al antipoeta Nicanor Parra. “Era muy divertido y en esos años estudiaba las relaciones entre la materia y la energía. En las clases a veces tenía grandes silencios frente a la pizarra, como que se escapaba en su pensamiento, se volaba en su mundo; pero lo que aprendí de él es que esperaba que los estudiantes usáramos el cerebro, que sugiriéramos algo, porque él creía que el conocimiento nunca se agotaba, que los estudiantes siempre tienen una mirada que uno como profesor no ha considerado, un ángulo de ver las cosas que resulta ser el inicio de una cosa nueva que se está creando”, recuerda.

“Me titulé de profesor de Estado en Química y Biología. Luego ingresé a Química en la Facultad de Ciencias de la Chile, me seleccionaron para participar en el programa ‘Colegios Regionales de la Universidad de Chile’ para la sede Temuco y después a Talca. Fue en aquella época en la que me ofrecieron las primeras horas de clase en la Universidad Técnica, por lo que viajaba a Santiago para cumplir con la docencia. Después vendría el golpe de Estado; la Chile y la UTE serían intervenidas y perderían su carácter nacional. Dejé de lado la posibilidad de seguir el doctorado en el país y postulé para realizarlo en el extranjero”, comenta.

Fue aceptado en el Doctorado en Química de la Universidad de California, en Santa Bárbara, Estados Unidos. Antes de marcharse, el director del Departamento de Química de la UTE, Guillermo Pastore, le ofreció patrocinio, mas no un sueldo; sin embargo, le dio la posibilidad de mantenerlo como miembro de la Universidad, por lo que al viajar en 1976 pudo conservar su condición de funcionario hasta 1981, cuando regresó a Chile.

Durante su estadía en Norteamérica, el Dr. Moya fue Teaching Assistant y Research Assistant, logrando financiar sus estudios y gastos personales mientras realizaba el programa de posgrado. “Al llegar, me contrataron como profesor de jornada completa y ahí seguí como docente e investigador. Formé parte del cuerpo de profesores del Doctorado en Química cuando se inició este programa y dirigí un número significativo de alumnos en el programa de doctorado. A principios de la década del 90, el rector Eduardo Morales Santos -primer rector elegido en democracia- me llamó para que fuera Secretario General de la Usach (1991-1994). Después de algunos años en el cargo, en 1994, me buscaron para ser el primer Decano de la Facultad de Química y Biología”, enfatiza.

El desarrollo que había tenido el Departamento de Química era muy significativo, por lo que estaba preparado para dar el siguiente salto: transformarse en una Unidad Mayor. Al rector Morales Santos le interesaba que este hito fuera democrático, en un ambiente en el que no todos los académicos estaban a favor de la idea. Se realizó un plebiscito y ganó la opción de la nueva Facultad por solo un voto. Uno de los logros fue la creación del Departamento de Biología, uno de los pasos para que, en el corto plazo, se creara la Facultad de Ciencias Médicas.

“Una de las primeras medidas fue dividir la Facultad en tres departamentos: Ciencias Químicas, Química de los Materiales y Ciencias Biológicas, donde nuestras y nuestros investigadores pudieron sumarse al que estuviera más cercano a sus intereses. Esto permitió que hoy contemos con una Facultad al servicio del desarrollo de los equipos investigativos y de la Universidad en su conjunto. Todos estos avances provocaron que, cuatro años después, fuera reelegido por votación directa como Decano de la Facultad, para un segundo período”, narra la exautoridad.

Área de desarrollo en Química

“La catálisis es mi área de especialización en la química; procesos catalíticos que pueden tener aplicación en diferentes campos como los procesos metalúrgicos, mineros e incluso en el área de salud para el desarrollo de fármacos”, asegura el Dr. Moya.

La catálisis es el proceso que permite reducir los requerimientos energéticos y los subproductos formados en una reacción química y, por tanto, disminuir su impacto ambiental y económico. A través de esta, se acelera la velocidad de una reacción química, lo cual reduce tiempos y costos de producción, pues con una pequeña cantidad de catalizador se puede incrementar la velocidad y la cantidad de producto obtenido durante la reacción.

“Pensemos en el ibuprofeno, por ejemplo, que es un medicamento popular entre las personas (como antiinflamatorio). Inicialmente hay como 6 ó 7 etapas sintéticas para llegar de los materiales de partida a la generación del producto comercial. La utilización de catalizadores puede convertir esto en dos o tres pasos, siendo una llegada expedita desde un punto de partida al curso final; es como un túnel atravesando una montaña; lo que finalmente hace el catalizador es proveer un nuevo camino”, explica el investigador.

Según el Dr. Moya, sus éxitos han sido variados, tanto en el área de la investigación, donde ha contribuido en la generación de catalizadores que han permitido que sean la base para la optimización terapéutica y la mejora de fármacos, como también en el número de publicaciones y citas alrededor del mundo. Esto le ha permitido también ser profesor visitante en numerosas universidades de América y de Europa.

“Mi mayor logro es haber trabajado con alegría descubriendo que la química es realmente fascinante. Esto pude transmitírselo a mis estudiantes, que eran los primeros de sus familias en ingresar a la universidad y hoy ocupan importantes puestos en diferentes universidades del país. Sin duda, la mejor recompensa fue ver los rostros de esos padres, madres, abuelas, abuelos, hermanos y hermanas logrando un título o grado universitario”, dice con orgullo.

Vida familiar y la Usach

Su hija mayor, Marcela, estudió en la Facultad de Administración y Economía de la Usach y actualmente dirige el Departamento de Riesgo en el Banco Itaú. La menor, Daniela, cursó la carrera de Periodismo y posteriormente ingresó a Derecho en otras casas de estudio, pero siempre estuvo ligada a la historia e importancia de la Universidad de Santiago en la vida de sus padres.

“Mi esposa, María Rebeca Sartori Hevia, me acompañó por décadas en la Facultad de Química y Biología, pero lamentablemente falleció hace menos de un mes. Ella dejó un legado enorme en estudios que buscaban una solución al cáncer. Trabajó en laboratorios la elaboración de medicamentos diseñados para destruir células malignas o detener su proliferación, labores que la llevaron a realizar investigaciones exitosas; uno de esos resultados fue publicado por la revista especializada Anti-Cancer Drugs. Ella era una persona extraordinaria”, recuerda con cariño y admiración.

Finalmente, el Dr. Moya manifiesta que la Universidad de Santiago de Chile ha sido uno de los espacios más relevantes de su vida, un lugar que le dio la posibilidad de conocer a gente valiosa, fueran académicos, funcionarios o estudiantes. “Pero lo que más ha llamado la atención en estos más de 50 años son esos muchachos admirables en su esfuerzo que, no teniendo nada, no se rinden, lo que al final define la calidad humana de esas personas. Estoy convencido de que si todos tenemos una oportunidad podemos ser flores que aportan al paisaje de la belleza de la vida”, concluyó.

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